Málaga año 2008

Datos personales

Torroxeño nacido en Antequera en 1940

COMIENZOS

En otro blog, dedicado a CITESA, escribí sobre mi paso por esta compañía y, una buena parte de mi existencia, ya quedó reflejada en el mismo.
Este blog fue idea de mi amigo y compañero Rafael Vertedor y, junto a él, figuran aportaciones de de Lorenzo Martínez, Angel Estévez, Florentino, José Outes y otros.
Ahora, quiero añadir otros aspectos y experiencias, al margen de mi vida laboral, aunque tantos años en esa compañía, me obliguen a referirme a los mismos, con algunos enlaces.
Mi marcha de esa empresa puede considerarse como punto de arranque para este blog, y desde aquí, llegar a su capítulo final:

Epilogo http://www.box.net/shared/4iuitb04kw

Los enlaces al resto de capítulos de Citesa figuran al margen del blog.

miércoles, 29 de julio de 2009

COSAS DE AHORA(III)DEFENSA DEL TORO DE LIDIA




¡Que, el título de esta entrada en el blog, no lleve a ningún lector a falsas suposiciones! Esta es una defensa, tanto del toro de lidia, como del espectáculo que protagoniza en las plazas, junto con los toreros.
Desde muy pequeño, soy aficionado a una fiesta, que no quiero circunscribir en el término de nacional porque no solo se protagoniza en España sino, también, se ha extendido por una amplia zona de Sudamérica y en buena parte del sur de Francia, además de Portugal. Puede que parezca contradictoria la afirmación de que, yo, amo al toro como nadie y que, al mismo tiempo, me gustan las corridas y admiro a los toreros. Pero no lo es, como intentaré explicra más adelante; si hubiera podido, tenido las condiciones necesarias para ello y, sobre todo, el valor indispensable para esta profesión, yo hubiera sido, antes que otra cosa, matador de toros: Mientras otros jugaban al futbol, de niño, improvisaba verónicas o pases de muleta, con algún trapo que me sirviera, ante la media luna de los cuernos inofensivos de una toro imaginario.
Sin embargo, respeto, como no podía ser de otra forma, la opinión de los que no comparten mi afición. El que no lo hace, está en el derecho de no asistir a las corridas y hasta de criticar a los que van; pues ¡que no vayan a verlas! Pero, por favor, dejen sus manifestaciones de protesta y, resérvenlas para otros fines- seguro que los encuentran- que sean mejores acreedores de su encendido afán por arreglar el mundo. Yo no se, a ciencia cierta, si, entre los que vociferan por la abolición de las corridas de toros, están algunos de los que defienden e aborto, equiparando la vida de una animal, cuyo destino final es la arena, a la de una persona, que nunca sabrá cual sería el suyo. El hombre nace para finalizar su vida por razones las razones imperativas, que impone el transcurrir de los años y, así, muere; lo demás, es un crimen, mientras que en, muchos animales, la muerte anticipada es una cosa bien distinta y hasta puede tener una justificación.
¿Cuántos “iluminados” defensores del derecho a la vida se pronuncian en contra en contra de la muerte de tantos animales? Salvo raras excepciones, nadie y, a todos ellos, salvo en los casos que la propia naturaleza impone para mantener el equilibrio de las especies, también los mata el hombre. Algunos se crían, engordan y, finalmente, son llevados al matadero desde el sitio donde pasaron su corta vida; un lugar, en muchas ocasiones, más angosto y menos confortable que la ancha y luminosa dehesa, donde nace y se cría el toro bravo. Pero, esto, es natural; esa es la única razón de su existencia y, nadie puede imaginarse a un pollo como mascota de compañía. Otros son arrebatados de su hábitat natural, atrapados por el anzuelo, que pende de un invisible sedal, o por el disparo certero de una escopeta, pero, eso, también es natural; la industria de la alimentación o el derecho lúdico a la pesca o a la caza, así lo justifican. En algún pasaje de este blog, escribí sobre animales, con los que tuve la suerte de compartir algunos años de mi vida. Ese fue su destino y, por nada del mundo, hubiera permitido que nadie que los apartara del mismo; no dejemos, tampoco, que se impida al toro cumplir con el suyo.
El único destino del toro de lidia es la plaza; su crianza no sería rentable para cualquier otro fin, aunque, eventualmente, s emplee su carne en alimentación. Por eso, acabar don las corridas, sería terminar con existencia de una especie única y, por eso, la defiendo, defendiendo la continuidad de las corridas y a los que asistimos a las mismas. Sobre ese público, que sigue llenando nuestros cosos, también quiero reflexionar…
Al verdadero a aficionado no le mueve el posible sufrimiento del animal, que impone la técnica de la lidia, sino la explosión de luz y color del entorno, así como la ejecución de las diferentes suertes del toreo, por parte de matadores y cuadrillas, de la misma forma que creo que, el pescador no goza con las piruetas desesperadas del pez, retorciéndose, fuera del agua, en el extremo de la caña, ni con la agonía de la liebre en la maleza. La corrida de toros es un espectáculo sangriento- no confundir con sanguinario- y, su público, jamás ruge de regocijo, sino que grita en discrepancia con la actuación del torero o con la casta, que proporciona el ganadero. Y, cuando tiene que aplaudir, no lo hace sólo al lidiador de turno, sino al propio toro, al que se suele dar la vuelta al redondel de la plaza y, en ocasiones, pedir el indulto: El aficionado admira la estampa inigualable- eso que llamamos trapío-, bravura y pujanza de nuestro toro de lidia. No acude a verlo morir, sino a contemplar su bravura y gallardía.
Al principio, escribí que amo al toro como nadie. Ahora, digo que lo hago por encima de los toreros y que defiendo a este animal, a través de abogar por las corridas, porque, sin estas, aquel no existiría.