Málaga año 2008

Datos personales

Torroxeño nacido en Antequera en 1940

COMIENZOS

En otro blog, dedicado a CITESA, escribí sobre mi paso por esta compañía y, una buena parte de mi existencia, ya quedó reflejada en el mismo.
Este blog fue idea de mi amigo y compañero Rafael Vertedor y, junto a él, figuran aportaciones de de Lorenzo Martínez, Angel Estévez, Florentino, José Outes y otros.
Ahora, quiero añadir otros aspectos y experiencias, al margen de mi vida laboral, aunque tantos años en esa compañía, me obliguen a referirme a los mismos, con algunos enlaces.
Mi marcha de esa empresa puede considerarse como punto de arranque para este blog, y desde aquí, llegar a su capítulo final:

Epilogo http://www.box.net/shared/4iuitb04kw

Los enlaces al resto de capítulos de Citesa figuran al margen del blog.

lunes, 18 de agosto de 2008

MALAGA DE SOLTERO

Mi vida en Málaga comenzó con el inicio de mis estudios en la Escuela de Peritos Industriales y trascurrió por distintas pensiones, durante esos años y, aún, se prolongó durante todo el tiempo, que duró mi soltería.
De mi época de estudiante, aunque mi recuerdo sea más extenso, solo narraré algunas cosas:
En mi primera pensión, que estaba en la calle San Agustín y se llamaba “Huéspedes la Zarzuela”, formaba parte de una pequeña y variopinta población, compuesta, por algunos empleados de banco y de Telefónica, un canónigo de la catedral y otros, pero, donde yo, era el único estudiante.
Este escenario o, tal vez, mi poca identificación con la carrera que estaba emprendiendo, quizás sea el motivo de mi escasa relación con los compañeros de estudios y que dedicara un mayor recuerdo a los de mi pensión.
Con, ellos, empecé a descubrir la vida de Málaga y a compararla, siempre de forma favorable, con la de Antequera, a donde seguía yendo por vacaciones, aunque, también, me escapaba, siempre que podía, a Torrox.
Me relacioné, preferentemente, con algunos de los que trabajaban en Telefónica, con los que me integré en un equipo de futbol, que habían formado, participando en varios partidos. También asistí, con ellos, a mis primeras fiestas –entonces, se llamaban guateques- y, con otras actividades, a ocupar el tiempo libre, que mis estudios me permitían.
Pero, mis inclinaciones de siempre, totalmente contrapuestas a lo que sería mi profesión, años más tarde, me hicieron establecer una gran amistad con uno de los huéspedes:
José María Colomer, que era catalán y bohemio, sin embargo, se había venido a Málaga, donde trabajaba, como actor, en algunos seriales de Radio Nacional, persiguiendo un amor, del que, nunca, supe si culminó de forma feliz o desagraciada. Con él, mejoré mi declamación y aprendí alguna poesía, que, nunca antes, había escuchado ni leído y que, luego, terminé incorporando a mi repertorio.
Y, con él, asistí a la representación de una obra de Pemán, donde tuve la ocasión de conocer, personalmente, a su autor.
Anduve por otras pensiones, donde conocí a otras personas, que no mencionaré, para no alargar esta historia y, tal vez, por no considerarlas demasiado relevantes. Hasta que, finalmente, terminé la carrera y, con ello, cerré esta etapa de mi vida.

*****
En el año 1962, comencé a trabajar en Citesa y, desde entonces, Málaga se convirtió en mi residencia habitual y, yo, pasé a engrosar su censo, del que sigo formando parte.
Sobre mi vida laboral, ya he escrito, suficientemente, como aportación en un blog, que existe sobre CITESA, por lo que no lo repetiré, aquí.
Solo he querido traer, en el enlace que figura al final, el capítulo dedicado a Sidi Ifni, cuyo final puede servir para conectar con la continuación de este capítulo.
A la vuelta de África, volví a Antequera, solo por unos días, para reintegrarme, después, a mi trabajo y, ya, de forma casi definitiva, a Málaga, donde conocí, por medio de mi hermana y mi cuñado Manolo, a un personaje peculiar, con el compartí, algunos años, pensión, amistad y algunas peripecias.
Ernesto era de Sevilla y trabajaba de agente de seguros, aunque, realmente, aspiraba a entrar en el cuerpo de policía, lo que consiguió algunos años, después de abandonar Málaga y de casarse.
Con él, viví en una pensión por los alrededores de la Alameda y, más tarde, en un apartamento en el Paseo Marítimo. Ernesto había conocido, antes, a una persona muy relacionada con el ambiente taurino de Málaga, y, eso, había influido de alguna forma en su personalidad- quizás demasiado moldeable- y lo exteriorizaba, antes de tomar una decisión sobre cualquier cosa, en una frase, que, normalmente, no preludiaba nada bueno:
-¡Y que Dios reparta suerte!
Se había comprado un coche de segunda mano- un seiscientos azul y descapotable-, que nos permitía ampliar nuestras andanzas, hasta Torremolinos, Fuengirola o Marbella, durante los fines de semanas. El resto de la semana, frecuentábamos, en Málaga, una sala de fiestas del Paseo Marítimo (Pigall) y, a veces, la noche se hacía interminable.
Podría contar muchas de las situaciones, que viví con Ernesto, pero, sólo quiero dejar, aquí, la constancia y el recuerdo de uno de los mejores amigos, que tuve en mi vida de soltero en Málaga.
Mis padres, a la jubilación de él, se vinieron a vivir a Málaga, donde ya lo hacían mi hermana y su marido, por lo que, yo, dejé el apartamento y me fui, con ellos, con los que viví un tiempo, antes de casarme.
Entonces, mis vínculos, con Antequera, que nunca fueron excesivos, terminaron por romperse, definitivamente y, también, quedaron atrás una parte de mis costumbres.
Fuera del trabajo, mi vida se desarrollaba por la zona del Hospital Civil, donde vivía con mis padres y, también lo hacían mi hermana y mi cuñado Manolo.
Por aquél tiempo, me compré un coche, lo que, por ser el primero, constituyó un acontecimiento, hasta tal punto que es el único del que guardo recuerdos precisos:
Era un Seat 600, MA-67826, de color beige, con el que comencé a conducir, torpemente por la ciudad, ayudado por mi cuñado, hasta que hice mi primer desplazamiento largo a Torrox, como no podía ser de otra forma.
Ya tenía novia, entonces, y, eso, fue lo más trascendente de esos años, porque, finalmente, me casé con ella.
A partir de mi boda, no solo cambió mi vida, sino que, otros acontecimientos- ajenos a mi entorno y que ocurrieron años después- cambiaron la del resto de los españoles. Merece la pena, pues, dejar, todo esto, para futuros capítulos.

Mi estancia en Sidi Ifni: http://www.box.net/shared/4bpjljotcc