Estamos mediando el mes de Abril de 2009 cuando escribo estas líneas en mi blog…
Atrás quedan muchos tipos de estafas, que no voy a repetir, por suficientemente conocidas y rancias, aunque, aún, vigentes y propicias para las incautas y propiciatorias víctimas de las mismas. ¿Quién no recuerda la “estampita”, el “tocomocho” o, más cercano en el tiempo, el timo del nazareno, entre otros? No es el momento de referirme a esas argucias, basadas en la credulidad de algunos desde su propia codicia, y ha convertido su condición de presuntos estafadores a la de realmente estafados.
Ahora, los tiempos han cambiado y van surgiendo nuevos engaños, enmascarados en la legalidad pero, siempre, buscando la buena fe de los que creen que “todo el monte es orégano” y que, todavía, existe algún país donde se “atan a los perros con longaniza”. Podría describir algunos de los muchos y modernos timos de nuestros tiempos pero sólo me centraré en el que acabo de descubrir, como protagonista del mismo y en el que, desde luego, no pienso caer. No tiene, hasta el momento, nombre alguno, pero yo se lo daré: El timo de la cafetera.
Yo tengo, desde hace algunos años, una tarjeta de crédito, concertada con una entidad bancaria, en la modalidad de pago no aplazado y, por tanto, sin intereses, que utilizo en pocas ocasiones. Hoy, he recibido una carta del banco, donde se me “regala” una cafetera-omito el nombre comercial de la misma y el de mi banco-, bajo ciertas condiciones de la utilización de dicha tarjeta y aceptación implícita de modificar ciertas condiciones del pago de su saldo acreedor. Esa forma de disponer de tan maravilloso artilugio, “casi por nada” y sin moverme de mi casa, son las siguientes:
“Solo” tengo que comprar con mi tarjeta, entre Abril y Mayo, por valor de 950 € y pagar el 3 % de la deuda pendiente, durante un tiempo, que no sabría calcular al desconocer los intereses, pero que, seguramente, llegaría a los 3 años. Al cabo de esos años y tras el pago adicional de 30 €, en concepto de gestión y transporte, yo tendría mi cafetera y, en mi cara, dibujada una mueca de estupidez imborrable. No se cual es el precio real de ese electrodoméstico, pero ¿cuál es el que yo habría pagado? Y, además, ¿que tal café haría? Hay otra duda: ¿seguiría siendo aficionado al café, después de tanto tiempo?
Acabo de desvanecer todas estas dudas. ¡No quiero la cafetera!
Málaga año 2008
Datos personales
- Antonio Yañez
- Torroxeño nacido en Antequera en 1940
COMIENZOS
En otro blog, dedicado a CITESA, escribí sobre mi paso por esta compañía y, una buena parte de mi existencia, ya quedó reflejada en el mismo.
Este blog fue idea de mi amigo y compañero Rafael Vertedor y, junto a él, figuran aportaciones de de Lorenzo Martínez, Angel Estévez, Florentino, José Outes y otros.
Ahora, quiero añadir otros aspectos y experiencias, al margen de mi vida laboral, aunque tantos años en esa compañía, me obliguen a referirme a los mismos, con algunos enlaces.
Mi marcha de esa empresa puede considerarse como punto de arranque para este blog, y desde aquí, llegar a su capítulo final:
Epilogo http://www.box.net/shared/4iuitb04kw
Los enlaces al resto de capítulos de Citesa figuran al margen del blog.
Este blog fue idea de mi amigo y compañero Rafael Vertedor y, junto a él, figuran aportaciones de de Lorenzo Martínez, Angel Estévez, Florentino, José Outes y otros.
Ahora, quiero añadir otros aspectos y experiencias, al margen de mi vida laboral, aunque tantos años en esa compañía, me obliguen a referirme a los mismos, con algunos enlaces.
Mi marcha de esa empresa puede considerarse como punto de arranque para este blog, y desde aquí, llegar a su capítulo final:
Epilogo http://www.box.net/shared/4iuitb04kw
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jueves, 16 de abril de 2009
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